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Boda en Jardín privado

Desde el momento en el que apagué la cámara quise enseñar esta boda. Una boda en un jardín privado en la provincia de Cádiz con mucha MAGIA, cuidada de principio a fin, y es que no podía ser de otra forma, Pili se dedicó a la organización de eventos. ¡Y menudo evento que organizó!

Un año antes de la boda, Pili me contó que iba organizar la celebración de su boda en el jardín de la casa familiar. No me dio grandes detalles, yo me imaginé algo sencillo, sin grandes florituras y muy íntimo. 

Llegó el COVID-19 y Pili y Enrique me llamaron para posponer su boda para el año siguiente. Hasta aquí todo OK, pero cuando se acercó su primera fecha me confirmaron que se casaban, con restricciones incluidas. Fue ahí cuando me dieron los detalles de su boda y la cabeza me explotó. Seguid leyendo y os cuento el porqué.

Como os decía ya había importantes restricciones pero esta pareja supo reinventarse y de qué manera. Como todos los invitados no podían asistir, organizaron el día anterior una pequeña fiesta con parte de los invitados que no iba a poder acompañarlos en el día de la boda. La organizaron en el chiringuito Balneario en Tarifa. Disfrutamos todos los asistente de la puesta de sol, música, cervezas y hasta de una barra libre de tatuajes de la mano de Müsgo Ink (quedaros con este nombre).

Al día siguiente, el oficial, los novios se vistieron en sendas casas, una cerquita de la otra siendo la de la novia donde horas más tardes se celebraría la boda. Enrique se vistió acompañado de su hermano. Optó por una apuesta segura: chaqué azul marino de Tom Black, zapatos negros y el reloj que le regaló su futura mujer. Menos es más.

A escasos metros, Pili dijo “aquí estoy yo”. Vestidazo de dos piezas de Ana Herreros de Tejada. Escotazo en la espalda, chaqueta con botonera y hombreras de pico, puños y cuellos que eran una locura y por supuesto, velada. Junto al velo un tocado de Buffuna Hats que seguía en la línea del vestido: elegante pero distinto y atrevido. El ramo era de Cotton Candy, y como podréis ver nada convencional pero a la par muy 🔝.  Los zapatos eran de Flor de Asoka. Pili será una de esas novias que no se olvidan fácilmente. En los preparativos estuvo acompañada de sus padres, hermana y sobrinas que serían las damitas de honor.

La ceremonia fue en una capillita en San Fernando y les acompañó el núcleo más cercano. El cura que ofició la ceremonia era amigo de ellos y eso se notó en toda la misa.

Ya de vuelta en la casa, todo estaba listo. Los encargados de dar de comer y beber a los invitados fue el catering Canela y Clavo, un catering que se sale de lo normal, con una puesta en escena distinta al resto pero con un producto y un servicio excepcionales. La luces indirectas que decoraban el jardín fueron idea de Pili, y aportaron un ambiente muy festivo al jardín. En cuanto a la música los novios querían poner a tres DJs pero por culpa de las restricciones horarias se tuvieron que conformar con uno: Marcos Cruz, que pincho temas muy afines a la pareja pero que fue un descubrimiento, al menos para mí. Para la cena, la encargada de amenizar la cena fue Müsgo, sí la misma chica de los tatuajes, rebosa arte. Eva Escudier acompaño a Musgo con una espectáculo circense, con hula hoop y acrobacias, una autentica maravilla para los sentidos. El fin de fiesta corrió a cargo de Carlos de Pepa, que fue una sorpresa de Pili para Enrique.

Y he querido dejar para el final la palabra MAGIA y el triangulo. Estos tienen un significado especial para la pareja y por tanto estuvieron presente en multiples detalles de la boda. Pero el que más llamó la atención fue el que estaba encima del sofá y que sirvió como eje de gran parte de la celebración. El neón es obra de soCut!, ¡unos artistas! 

Espero que os guste tanto como a mí esta boda COVID-19 celebrada en Cádiz

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